¿Cómen los vegetarianos pollas?

Eso es una duda que asaltó mientras buscaba piso. Después de varios días empleando varias horas en revisar anuncios de habitaciones, mi cerebro empezaba a necesitar desaguar el alcantarillado.

Buscar piso en Berlín es exasperante. Oí al llegar que era más fácil encontrar trabajo que alojamiento y ha resultado no ser una broma. La ciudad está en ebullición y la oferta de vivienda apenas puede seguir el ritmo de la demanda. Parece ser que los precios han subido bastante últimamente (aunque el metro cuadrado sigue más barato que en Madrid), y la escasez sumada a la cultura del subarrendamiento convierten a los solicitantes de habitación prácticamente en suplicantes.

Los anuncios de habitación disponible parecen ofertas laborales, y las visitas se convierten en auténticas entrevistas, algunas veces multitudinarias, a lo dinámica de grupo. Los alemanes redactan descripciones de la vida en el piso que llegan a ser elaboradísimas, detallando las características de la persona que buscan y del tipo de relación entre los residentes. Y aunque en general se puede decir que entran dentro de lo normal y razonable, después de leer los suficientes anuncios aparecen las estadísticamente inevitables sandeces:
-No es necesario que la persona se quede por mucho tiempo. Es más, nos gusta la rotación así que mejor que sólo quieras quedarte tres o cuatro meses.
-Este es un piso-hotel (esto quiere decir que hay que coordinar los horarios para evitar cualquier desagradable encuentro en el pasillo o interacción personal).
-Soy escritor de obras de teatro para niños, sólo acepto gente super creativa y especial como yo.
-Tengo dos gatos que me hacen compañía. Tienes que amar a los animales.

Mis gatos me hacen compañía

-Tienes que ser gay.
-Tienes que ser gay y mayor de 50.
-Tienes que ir desnudo por la casa.
-Tienes que ser vegetariano.
-Tienes que ser vegano.
-Tienes que ser Vegeta.
-Tienes que ser vegetariano y gay (verídico, y así me asaltó la duda).
-Tienes que estar dispuesto a ser comido.

Esta gente lo que necesita es una burbuja inmobiliaria como Dios manda.

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Vladimir (II)

Como decía en la anterior entrada, hay una razón para escribir ahora de Vladimir. Voy a empezar por copiar un par de mails que mi ya ex compañero de piso en Pekín me envió hace un tiempo, para que extrapoléis la monda que fue compartir piso con él año y medio. Los que conocisteis al personaje sabréis apreciar sus epístolas en toda su dimensión. Pensaba dejar sin publicar toda mi correspondencia personal hasta que mis herederos hubieran dilapidado mi herencia y mi nieto (porque con mi hijo me unirá una relación muy tormentosa) quisiera recopilar algo con lo que poder financiar sus caprichos de snob inútil.

El primero es la contestación en enero de 2013 a mi mail de verano de 2012. El segundo, tres semanas posterior.

Primer correo:
This is going to be a short e-mail. First I want to say that I am really sorry for not writing so long, but the thesis took more effort than expected. I have graduated and I am leaving. I am also leaving you the washing machine. I am telling you this, because I know that the fuyuans at the dorm have the habit of collecting stuff after the students leave. I will tell them that I am leaving the machine to you, so that they do not take it. If you come back and it is not there then you can go to them and demand it back, although I don’t think that they will dare to take it once I tell them and I will tell them that I have also informed you.
I have to go now. Will write more once I come back home.

Es decir, el 80% del correo trata sobre la puta lavadora y sus esfuerzos para evitar que la rapiñen los fuyuans, esos seres mitad hiena mitad buitre que tenemos por limpiadores en la residencia. No me extraña nada que Dimitri les tenga tanta manía, pero si llego a saber el polculo que va a dar la lavadora, según entro al piso la tiro por el balcón (Erasmus, cuánto te debo).

Segundo correo:
I came back home, so now I can write in detail. Again, sorry for the insanely late answer. Unfortunately, the ”relaxed” part, regarding my thesis was not entirely true. The results came too late – way too late. I was working like crazy day and night. How was the life as a bachelor? I don’t know – I never got the chance to experience it, since I was coming back to the room at about 4:00 in the morning – I only had enough strength to wash myself and go to bed. During the last month I literally moved to the lab – I was spending the nights there – sometimes I was falling asleep on in front of the keyboard. The Chinese have a very strange procedures for applying for a thesis defense and for graduation in general. I forgot what it means to sleep. In the end however it all ended well. Now I am back home and am compensating for the lost sleep and the miserable canteen food – I have spent the last 5 days sleeping and eating. Things are coming back to normal. And here comes a little problem – during the last 2 months I did not clean the kitchen at all – it is an atrocious mess there – stains of yoghurt and black sugar are on the top of the cupboard where we usually do the cooking and the floor is not mopped. I am really sorry about that – I did not want to leave such a mess for you, but I was so tired that I could not bring myself to do anything else than go to sleep. As a compensation however I am leaving all the cutlery I have with the plates included and a new frying pan which I have only used about 4 times to fry eggs and bacon – it is a green big one – no way to miss it. I just hope that the fuwuyuans at the dorm did not take it. I have also left the washing machine for you. It works perfectly fine. Yeah, sometimes it gives minor glitches, but then you just unplug the power cord and plug it back and everything works fine again. The people at the dorm have been explicitly instructed not to touch it – some folks that could speak Chinese helped with that.

Wishing you all the best.
Bye for now.

Guau, gracias Vladimir, eres grande. “Como compensación por atesorar mierda durante 2 meses y dejarla efervescer otros 4 te dejo mi vajilla que no vas a usar en tus breves tres semanas en China y mi sartén verde, esperándote con sus huevos y su bacon y todo para que puedas disfrutar de la gastroenteritis china cuanto antes. Ah sí, y los cojones de la lavadora, a la que llamo chispitas, ya verás por qué”. Alcanzaré mi venganza en esta vida o en la otra.

Pero bueno, podría haber sido mucho peor, ¿saben aquel que diu que una catalana se fue de vacaciones de verano dejando la electricidad sin pagar y el frigo lleno de carne, y me pidió que a mi vuelta le echara un ojo? Pollodescompuestolíquidoenmiscalcetines. Lo dicho, en esta vida o en la otra.

El próximo día seguiremos con Larry Kinderficker, el turista sexual.

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Vladimir (I)

Como las buenas obras, este blog tuvo su, aunque breve, esplendoroso pico de calidad. Las apasionantes aventuras en las que un servidor alternaba lucha anticomunista en extremo oriente daban paso a una selección de finísimos chistes de manchegos y el blog era aclamado por crítica y público. Luego entró en una agónica fase de mediocridad, con rachas de mayor o menor producción, pero sin la brillantez de nuestra mejor época.

De aquel humor exquisito estamos a punto de pasar a la ordinariez: estoy preparando una página con fotos de asiáticas en minifalda para desviar ese numeroso tráfico de mejicanos que buscan en google “japonesas cachondas” y acaban aquí. Antes de su defunción final, el blog tiene que pasar por dos etapas más:
I. Canto del cisne. Intento desesperado por salvar la obra, rescatando el modelo exitoso del pasado.
II. Fase “blog de autor”. En la que, bufanda al cuello y clamando ser un artista incomprendido en mi tiempo, escribiré sobre cómo las dificultades de peerse en la oficina son un reflejo de la opresión que la sociedad actual se impone a sí misma.

He leído hace poco una frase lapidaria: más desesperanzador que el aburrimiento es la previsión del aburrimiento. Últimamente, antes de empezar a escribir una entrada, quizá salvando las de Manteca, ya sé que no me va a gustar ni a mí. Al final, la cabra tira al monte, y yo tengo que hacer lo único que se me da bien: meterme con la gente.

Como digo, en esta fase de la muerte del blog vamos a recuperar una de las secciones más exitosas del blog, y prácticamente la única que todavía respira: grandes personajes. Hoy, Vladimir.

Concretamente, grandes compañeros de piso. No hay ninguna buena razón para no haberle hecho justicia al búlgaro de la habitación de al lado. La verdadera causa es que Vladimir se merecía un blog para él solo; y con tanto de lo que hablar, nunca supe ni por dónde empezar. Una pena, porque no tiene nada que envidiar a los personajes más míticos de ARC: gian el vietnamita, que entrenaba para el campeonato mundial de hoolahop mientras meaba (sólo salió en edición limitadísima); el sevillano que rastreaba los chats en busca de follamigas gordas; el ucraniano que quemaba la grasa de las trébedes para limpiarlas; o Thanakorn, que criaba plantas en la pelusa de la habitación. Por cierto que éste último se ha echado una novia es-pec-ta-cu-lar, él mismo me dijo “somos la bella y la bestia”. Lo que es la vida…

Como decíamos, Vladimir pelea por los puestos de honor con estas gentes. Vladimir, aka Doctor Combustión era… era… a ver cómo lo describo. Era una mezcla entre el Conde Drácula y Tweek el niño cafeinómano de South Park, con un grado de enmadramiento (34 años) y un amor por los cohetes que sólo pueden terminar en el papel de villano de alguna película de James Bond.

La vida de Vladimir consistía en: dejar sonar el despertador desde las 8 hasta las 10. Desayunar café y plátanos. Pasarse dos horas en el baño. Estas dos horas podían alargarse mucho más en caso de que yo necesitara usarlo. Salir sin secarse las manos y gotear por todo el piso. Hacer un viaje de ida y vuelta al laboratorio donde escribía su tesis cargado de libros. Comer alguna mierda de los puestos de la calle. Recomer en el KFC. Lavarse las manos y remojar el suelo del piso. Climax del día: irse al laboratorio cargado de libros. Desarrollar complicadísimas fórmulas de modelado de combustión. Volver del laboratorio cargado de libros, con las manos despellejadas por el frío pekinés. Comprar más café y plátanos. Cenar cualquier mierda de los puestos de la calle. Discutir a voces, durante hora y media, con su madre por skype. Pasarse una hora en el baño. Salir un minuto a mojar el suelo del piso. Encerrarse otra hora en el baño. Jugar a juegos de vampiros hasta las 3 ó las 4 de la mañana.

Vladimir concebía su tesis como un viacrucis. Había que sufrir. Había que dormir poco y mal, con la columna retorcida en el tetris que era su cama de matrimonio llena de libros. Había que desarrollar una tesis varios órdenes de magnitud más complicada que los requisitos de la universidad. A Vladimir le pasaban cosas como que por llevar siempre el pasaporte encima acabó lavándolo en la lavadora. No aprendió más de diez palabras de chino en sus tres años en Pekín. Vladimir sostenía que China era la tierra de la libertad porque podrías organizar peleas de gallos sin problemas. Hablaba búlgaro, ruso, inglés y alemán. Limpiaba en contadísimas ocasiones, y cuando lo hacía, usaba baijiu (白酒 vodka chino).

Como digo de tantos otros que han sido crucificados por estas páginas, Vladimir era buen tío. ¿Por qué escribir de él entonces, y por qué hacerlo ahora? La respuesta a la primera pregunta es que seguro que él también tiene un blog en el que escribe de aquel español raruno que vivía con él, que metía las zapatillas en el congelador y que cada vez que barría sacaba el recogedor hasta arriba de pelos de chinas. La respuesta a la segunda vendrá en el siguiente post.

-Joooooooooder macho. ¿Metías las zapatillas en el congelador?
-No… ese sería otro, el hijo de Metralla.

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